LA FORMA ACTUAL DEL TRAFICO DE ORGANOS

 

Crece el "turismo de trasplantes" y genera preocupación mundial

 

Nuestro país condena esa práctica y toma recaudos, pero hay argentinos que viajan.


 

Sí. El viaje de personas por el mundo en busca de un trasplante existe. Hay canadienses que van a la India o españoles que vienen a Latinoamérica. Pero es muy difícil que un argentino viaje para ser trasplantado, porque enseguida lo detecta el sistema de salud. Que hayan viajado, en cambio, para someterse a la extirpación de un órgano, eso es más difícil de establecer". Lo dice Martín Torres, vicepresidente del INCUCAI. Hace tres años, una investigación de Clarín demostró que pacientes argentinos viajaron a Bolivia para recibir riñones (ver Una nota...)

Torres señaló que el país asumió una actitud de condena hacia esas prácticas, que "hoy por hoy constituyen la mayor preocupación mundial en trasplantes".

Los foros en los que
la Argentina asentó esa posición son la Comisión Intergubernamental del Mercosur vinculada a Donación y Trasplante, la Organización Panamericana de la Salud y la declaración de Estambul de la Organización Mundial de la Salud.

"En países como Paquistán y
la India está permitido el trasplante entre personas no relacionadas por el parentesco, lo que permite que aparezcan donantes que, en vez de estar inspirados por el altruísmo, el amor y la solidaridad, lo hacen por un interés comercial", apunta Torres, en diálogo con Clarín.

A su juicio, la transparencia del sistema argentino de trasplantes y donación de órganos actúan como escudos ante eventuales maniobras ilegales: "es muy fácil detectar a un paciente que se ausenta del consultorio, interrumpe su tratamiento de diálisis y al tiempo demanda medicamentos inmunosupresores. Eso no se puede hacer por afuera del sistema. Ahora, controlar si alguien viajó para vender un órgano es más complejo".

El 3 de mayo, la revista dominical del diario El País de Madrid reveló que un paquete con pasajes en primera clase a Paquistán, trasplante y post-operatorio cuesta 15 mil dólares. Sólo el 10 por ciento queda para el vendedor del riñón.

Allí, se trasplantan cerca de 2.000 riñones al año y dos de cada tres órganos son para extranjeros. La investigación incluyó un tarifario: un riñón indio o africano se consigue por 1.000 dólares; uno rumano, por 2.700; y uno turco o peruano sale 10.000 dólares.

 

Fuente: Diario «Clarín», Suplemento Zona, 24 de mayo de 2009.

 

             

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