Llegó a su fin la agonía de Eluana

Murió ayer, tras pasar 17 años en coma

Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia

ROMA. Después de permanecer 17 años en coma, a las 20 de ayer (las 17 en la Argentina) llegó a su fin la agonía de Eluana Englaro. En el centro de una encendida batalla política y de un debate que dividió y conmocionó como nunca a los italianos, Eluana, de 38 años, murió cuatro días después de que un equipo médico le suspendiera la alimentación e hidratación artificial, en cumplimiento de una sentencia de la Corte de Casación, la máxima instancia judicial del país.

Eluana, que había sufrido un gravísimo accidente automovilístico el 18 de enero de 1992, murió justo cuando el Senado había comenzado a discutir un proyecto de ley impulsado a último momento por el gobierno de Silvio Berlusconi para evitar "una condena a muerte".

Berlusconi, que en los últimos días se había transformado en el máximo defensor de la vida vegetativa de Eluana, lo que lo llevó a enfrentarse tanto con el padre de la mujer como con el presidente de la República y la Justicia, expresó su "amargura" por el hecho de que la acción del gobierno no haya alcanzado "para salvar una vida".

Si bien en el Parlamento, que esperaba aprobar la ley "a medida" mañana, en tiempo récord, se hizo un minuto de silencio por Eluana, inmediatamente después hubo peleas y escándalo entre legisladores del gobierno y de la oposición. El revuelo empezó cuando un senador oficialista, Gaetano Quagliarello, denunció: "¡Eluana no murió: fue asesinada!". Las réplicas de la bancada de centroizquierda no tardaron en llegar. "Se sigue haciendo el enésimo acto de escándalo político sobre la muerte de Eluana", dijo la senadora Anna Finocchiaro. "Con todos los medios posibles, trataremos de oponernos a este proyecto", afirmó, por su parte, la senadora opositora Emma Bonino, del Partido Radical, quien denunció "una ola gigantesca, televisiva y de la prensa escrita, de manipulación de la verdad".

En un clima de altísima emotividad en todo el país, hubo gritos parecidos entre los numerosos activistas pro vida que se encontraban fuera de la clínica La Quiete, de Udine, en el Nordeste, cuando trascendió la noticia del fallecimiento. "¡La mataron! ¡La mataron!", clamaron algunas voces, mientras muchas otras comenzaron a rezar.

En una nueva táctica para intentar detener lo que consideraba eutanasia, práctica ilegal en Italia, el gobierno había puesto en las últimas horas en la mira a la clínica La Quiete. Esta había sido considerada "no apta" por inspectores del Ministerio de Salud, por lo que durante toda la jornada había habido rumores de que la policía iba a declarar "bajo secuestro" la habitación de la planta baja donde estaba Eluana, sin alimentación desde hacía cuatro días, y con sedantes.

Tal como la justicia había autorizado en noviembre pasado, después de años de idas y venidas, la joven había sido llevada allí el martes pasado desde Lecco para emprender su último viaje, tal como su papá, Beppino Englaro, siempre había querido.

"Sí, nos ha dejado, pero no quiero decir nada. Sólo quiero estar solo", dijo anoche entre lágrimas Beppino, que no se encontraba junto a su hija cuando murió (ver aparte), pero que pasó los últimos diez años de su vida luchando para que la justicia reconociera la voluntad de su hija de no vivir en ese estado vegetativo, tal como ella le había dicho poco antes de morir, después de ver a un amigo en coma tras un accidente.

Dudas y reacciones

"Murió de improviso, y es algo que no preveíamos. Tuvo una crisis repentina; la autopsia que ya había sido programada tendrá la última palabra", explicó Carlo Alberto Defanti, el neurólogo que seguía desde hacía años a Eluana.

"Es extraño que, a sólo tres días y medio del inicio de la suspensión de la nutrición artificial, Eluana haya muerto", dijo, por su parte, Gianluigi Gigli, otro neurólogo que, desde la vereda de enfrente, luchó hasta último momento para salvar a la mujer, y que ayer pidió que se efectuaran "inmediatamente los análisis toxicológicos y la autopsia judicial para conocer la verdadera causa" de la muerte repentina de Eluana.

El Vaticano, que batalla desde hace años para que en Italia no haya nada parecido a la eutanasia, como ocurre en otros países europeos, y que en los últimos días había aplaudido la cruzada ética emprendida por el gobierno de Berlusconi, tuvo una reacción dura.

"Fue un homicidio", sentenció el cardenal portugués José Saraiva Martins, que manifestó un "inmenso dolor ante la violencia con la que ha sido suprimida esta vida humana".

"Que el Señor la reciba y perdone a quien la ha llevado a ese punto", clamó, por su parte, el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, una suerte de "ministro de Salud" del Papa, que consideró que si la muerte de Eluana se debió a una intervención humana, "fue un delito".

Otro tono tuvo la declaración del padre Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, que llamó a que la muerte de Eluana fuera "motivo de reflexión tranquila y de búsqueda responsable de mejores vías para acompañar en el debido respeto por la vida, en el amor y en el cuidado atento a las personas más débiles".

Benedicto XVI, en tanto, se refirió por tercer día consecutivo de manera indirecta al caso, al señalarle al nuevo embajador brasileño en la Santa Sede que "la santidad de la vida debe preservarse desde la concepción hasta su fin natural".

Mientras la clínica de Udine se convirtía anoche en lugar de peregrinación de centenares de personas que se acercaron para rezar, dejar velas, flores o carteles en apoyo de la familia de Eluana, en el mundo político no se aplacaban las polémicas. Miembros del gobierno denunciaban que había habido un homicidio y la oposición de centroizquierda acusaba al Berlusconi de haber intentado involucrarse y capitalizar un asunto humano privado.

En un marco de gran exaltación, sólo llegaron palabras moderadas de boca del presidente, Giorgio Napolitano, que volvió a ser atacado por el oficialismo por haberse negado el viernes pasado a poner su firma a un decreto de urgencia que tenía como fin impedir la muerte de Eluana.

"Ante el epílogo de un largo y trágico caso -dijo Napolitano-, el silencio que un natural respeto humano exige de todos puede dejar espacio sólo a un sentimiento de profunda participación en el dolor de los familiares y de quienes estuvieron cerca de la pobre Eluana."

Las claves del drama

viñeta 18 de enero de 1992: a los 20 años, Eluana Englaro queda en estado de coma vegetativo irreversible tras un accidente automovilístico.
viñeta 1999: el padre de Englaro, Beppino, comienza una batalla legal para que desconecten el tubo de alimentación de su hija, alegando que antes del accidente ella había expresado su deseo de no ser mantenida con vida artificialmente.
viñeta 9 de julio de 2008: por primera vez en Italia, una corte de apelaciones de Milán autoriza que se interrumpa la alimentación e hidratación. Los fiscales federales apelan el veredicto.
viñeta 8 de octubre de 2008: la Corte Suprema italiana rechaza la apelación de los fiscales federales e indica que Beppino puede desconectar el tubo de alimentación. El 13 de noviembre, la Corte de Casación ratifica esa autorización.
viñeta 6 de febrero de 2009: los médicos de una clínica en Udine dejan de alimentar a Englaro para dejarla morir. El primer ministro Silvio Berlusconi emite un decreto de emergencia ordenando que se reanude su alimentación, pero el presidente Giorgio Napolitano se niega a firmarlo. Eluana muere tres días más tarde

Fuente: Diario «La Nación», Sección “Exterior”, 10 de febrero de 2009.

 

 

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