Un "bebé de diseño" logró salvar la vida de su hermano de 7 años

 

Nació libre de una anemia fatal. Usaron sus células madre para un trasplante curativo.

 

Por: Juan Carlos Algañaraz

 

Javier, un bebé de cinco meses, ha logrado salvar la vida a su hermanito Andrés, que cumplió ayer siete años y padecía una incurable enfermedad hereditaria que lo tenía al borde de la muerte. En medio de los rigores de la crisis y la crispación política, los españoles festejan esta buena noticia que se ha convertido en favorita de los medios. Un vocero del equipo médico señaló que existe una "certeza razonable de que el niño (Andrés) ya está curado de por vida".

Lo salvó entonces un "bebé de diseño", Javier. Esto significa que se generó a través de una fertilización in vitro y fue seleccionado -entre otros embriones- al no contar con ciertas características genéticas. Después el embrión elegido fue implantado en el útero de la mamá. Cuando Javier nació, los médicos tomaron el cordón umbilical que lo unía a su mamá. Y las células madre que estaban en el cordón umbilical sirvieron para tratar al hermano Andrés, quien pudo de esta manera superar una enfermedad hereditaria que hasta ahora era incurable

El 23 de enero se produjo el trasplante de células madre del cordón umbilical de Javier a Andrés, que fue dado de alta el 18 de febrero. Todo el proceso fue realizado en España. La hazaña la han logrado los profesionales de la Unidad Genética, Reproducción y Medicina Fetal de Hospitales Universitarios Virgen del Rocío de Sevilla. Javier y sus padres vivían un auténtico padecimiento porque el chico sufría una incurable anemia severa congénita llamada beta talasemia mayor. Desde que el 12 de octubre pasado nació Javier, Andrés tenía que someterse a constantes transfusiones de sangre porque su anemia le causaba anomalías en la hemoglobina. "Cada dos semanas íbamos al hospital y Andrés estaba sometido a un verdadero martirio", explicó su madre, quien ahora no para de sollozar de alegría y abrazar y besar a sus hijos y a su marido.

¿Qué podía hacer esta familia transida de dolor? La solución llegó por el lado de la genética y las células madre. Con una constante oposición de la Iglesia española y los medios y fuerzas políticas de derecha, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, apoyado por otros partidos, logró que se aprobara la Ley de Reproducción Humana Asistida en 2006. El complejo hospitalario Virgen del Rocío de Sevilla se convirtió en el cuartel general de la investigación y aplicación de las técnicas de selección genética, en donde aplicaron un Diagnóstico Genético Preimplantatorio (DGP). Este programa lo ofrece gratuitamente la seguridad social de Andalucía. Gracias a estos estudios sobre reproducción asistida fue posible que la pareja pudiera tener un nuevo hijo libre de la enfermedad y al mismo tiempo compatible. Este feliz logro permitía que al nacer el bebé Javier en octubre pasado "pudiera ser el donante ideal para posibilitar la curación mediante trasplante de cordón", señaló un comunicado médico. Su sangre quedó almacenada en el Banco de Cordón Umbilical de Málaga y los profesionales lograron trasplantar el 23 de enero estas células madre con éxito a Andrés. La recuperación fue extraordinaria y el 18 de febrero fue dado de alta. La pesadilla había terminado.

Ayer fue también un día de polémicas porque el nacimiento de Javier en octubre pasado provocó enérgicas críticas del Papa y la Iglesia española, cuya conferencia episcopal emitió una declaración precisando que "la dignidad del ser humano exige que los niños no sean producidos sino procreados y que los planteamientos emotivos encaminados a justificar estas prácticas horrendas son inaceptables". Benedicto XVI señaló que "los beneficios fáciles y la arrogancia de sustituir al Creador pueden poner en peligro a la humanidad". Criticó además que "la ciencia, que no está capacitada para establecer principios éticos, pueda proceder en solitario por un camino lleno de riesgos". Por su parte, el diario de la Santa Sede, el Osservatore Romano, condenó el caso y advirtió que "es en sí un acto egoísta que implica la exclusión de otros seres humanos. Esto no es un éxito o un progreso científico".

 

Fuente: Diario “Clarín”, Sección “Sociedad”, 14 de marzo de 2009.

 

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