Células madre, con responsabilidad

 

Tanto los científicos como la sociedad tienen obligaciones respecto de esta esperanza que se abre para la cura de enfermedades. Se trata de no obturar ningún avance sino de discutir qué prácticas son éticas y qué controles exigen.

 

Por: Alejandro Schinder y Guillermo Lanuza

 

La reciente iniciativa del presidente de los EE.UU. respecto de las investigaciones con células madre derivadas de embriones humanos ha impulsado un amplio debate que abarca aspectos éticos, sociales, filosóficos y científicos.
Barack Obama anuló la prohibición de la administración Bush de utilizar fondos federales en investigaciones que impliquen el uso de células derivadas de embriones humanos después del 2001. Esta nueva medida da un fuerte impulso en lo legal y económico a proyectos de investigación sobre células madre. Las células madre embrionarias son únicas por su altísimo potencial ya que contienen las instrucciones del programa genético necesarias para generar un individuo, en caso de ser implantadas en el útero y completar la gestación.
Estas investigaciones permitirán por primera vez encarar preguntas fundamentales para la biología y la medicina: ¿qué distingue a una célula madre humana de cualquier otra célula?; ¿qué aspectos de su programa genético le permiten generar literalmente cualquier tejido humano, incluyendo piel, hígado, músculo, sistema nervioso?; ¿cuál es su verdadero potencial terapéutico? Esto permitirá además desarrollar nuevos modelos de líneas celulares para estudiar enfermedades, desentrañar sus mecanismos básicos y aumentar las chances de desarrollar terapias adecuadas.
Debemos ser muy cautos ya que las células embrionarias representan una esperanza futura muy probable para la biomedicina, pero no una realidad actual. Sin embargo, sin investigación rigurosa, adecuadamente financiada y legislada, esta esperanza no existe.
¿Es éticamente aceptable utilizar células derivadas de embriones humanos para investigar cómo funcionamos y cómo podríamos curarnos? Estas células derivan de embriones que provienen de fertilizaciones in vitro que generaron un número mayor de embriones que los implantados en el útero materno y se guardaron en estado de congelamiento. En caso de ser implantados, estos embriones podrían desarrollarse y dar origen a un ser humano. El ambiente del útero en conjunto con el embrión representan la dupla indispensable para el desarrollo de una vida humana. De no ser implantados, como sucede en la gran mayoría de los casos, se mantienen congelados o se descartan.
Dichos embriones consisten en un cúmulo de células indiferenciadas sin órganos, tejidos ni sistema nervioso. Esto implica que carecen de ¨sensaciones¨ de cualquier tipo. Resulta entonces difícil considerar a estos embriones congelados seres humanos y, por lo tanto, su utilización en el contexto de su potencial en la medicina reparativa no se contrapone a los valores éticos que rigen el pensamiento científico. De todos modos debemos respetar las posturas contrarias a este pensamiento y aprender a convivir con ellas, promoviendo el debate.
Los factores coyunturales determinan la manera en que la sociedad juzga la investigación biomédica. Hoy día todo medicamento recorre un largo camino desde el descubrimiento de los efectos curativos en animales de laboratorio hasta los estudios clínicos realizados en pacientes que dan su consentimiento para evaluarlo desde el punto de vista toxicológico (¿hace daño?) y terapéutico (¿cura?).
Estos ensayos clínicos son "experimentos" realizados bajo estrictos controles de planeamiento, calidad y ética. ¿Por qué ciertos sectores de la sociedad aceptan las investigaciones en pacientes que sufren una dolencia pero rechazan el uso de células derivadas de embriones congelados o que se destruirán? El contexto político claramente condiciona estas opiniones. ¿Nos hubieran resultado igualmente aceptables los ensayos clínicos en la Alemania de la post guerra? Seguramente no.
Pero a lo largo de las décadas subsiguientes la comunidad internacional logró establecer un sistema de estrictas reglamentaciones respecto de qué prácticas son éticamente aceptables y cuáles no lo son. Las investigaciones con células madre humanas deberán seguir un curso similar. Desde un punto de vista pragmático, esto ya está sucediendo en el mundo, estemos o no de acuerdo.
Como científicos, tenemos la responsabilidad de cuidar permanentemente la calidad del trabajo, manteniendo los valores éticos y la honestidad que demanda la búsqueda del conocimiento. Como sociedad tenemos la responsabilidad de informarnos adecuadamente, expresar nuestras opiniones, miedos y esperanzas, y demandar leyes que apoyen y a su vez controlen los avances tecnológicos presentes y futuros. Sería muy saludable que nuestra sociedad acepte el desafío de abordar este debate

 

Fuente: Diario “Clarín”, Sección “Opinión”, 25 de marzo de 2009.

  

             

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