Le dieron el alta a Berenice, la nena que recibió un corazón artificial

 

 

Berenice duerme plácidamente acurrucada en una de las sillas de la sala de espera del Hospital Pedro de Elizalde. Pero ella ya no espera, como lo hizo tres años atrás cuando llegó a ocupar el primer lugar en la lista nacional de trasplantes de corazón. El suyo se recuperó gracias a un implante de corazón artificial. Ayer visitó el hospital para recibir el alta definitivo y aprovechó los juegos del parque del edificio para treparse y correr de acá para allá. Es que de ahora en más puede llevar una "vida absolutamente normal", cuenta su mamá Andrea, mientras acuna en brazos a Uriel, de tres meses, hermanito de Berenice.

El 14 de diciembre de 2005, Berenice tenía un año y medio y una anomalía coronaria y miocardiopatía dilatada. Su anomalía le había causado un infarto de larga evolución que había deteriorado severamente la mayor parte de su músculo cardíaco.

Su panorama era desesperante y requería un trasplante de corazón urgente. La única esperanza para sobrevivir durante la espera era la implantación de un corazón artificial. Fue el primero de esas características realizado en un hospital público de América Latina.

Su cuerpito de 7 kilos en ese entonces resistió una cirugía que le corregió la malformación congénita y después se le implantó la prótesis "Bérlin Heart" en su versión externa, que permaneció apoyado en su panza durante 21 días, mientras aguardaba la llegada de un corazón definitivo. Lo que parecía un posibilidad remota, finalmente fue un hecho. Su músculo cardíaco se recuperó, y ya no sólo no necesitó el trasplante, sino que los médicos decidieron retirarle definitivamente el dispositivo artificial.

Una semana después, Berenice recibió el alta ambulatoria y este año empezó el prescolar en su ciudad natal, Rosario. "No quiere irse del jardín, mientras los demás nenes lloran al entrar, Berenice llora porque no quiere irse, es su pasión", cuenta David, su papá.

Florentino Vargas, jefe del servicio de Cirugía cardiovascular del Hospital Pedro de Elizalde, al frente del equipo que operó a Berenice, dijo a Clarín, que este tipo de implantes permiten la sobrevida durante la espera de un órgano: "Estamos viviendo el drama de la lista de espera y hemos anhelado siempre contar con un recurso como éste que permite tener a los pacientes vivos hasta el trasplante definitivo", dijo.

 

Fuente: Diario «Clarín», Sección “Sociedad”, 26 de marzo de 2009.

  

             

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