Aumento en la mortalidad infantil

 

El crecimiento de la mortalidad infantil obliga a que se adopte una estrategia institucional más comprometida, que articule la atención sanitaria con la política social y las instancias educativas.

Con una demora muy pronunciada, recién hace un puñado de días de hizo público un informe del Consejo Federal de Salud, fechado en noviembre de 2008, en el cual se reconoce un aumento de la tasa de mortalidad infantil en 2007. Así, mientras en 2006 se registraron 12,9 muertes cada mil nacimientos, en 2007 se pasó a 13,3 por mil. En concreto, durante 2007 nacieron unos 703 mil bebés, y el nivel de mortalidad registrado implica que murieron 9350 bebés. El incremento que se produjo de un año al otro equivale a unos 300 bebés más fallecidos.

Esto significa que ya hace dos años se revirtió la tendencia descendente de la mortalidad infantil y que el ascenso reciente podría ser mayor, debido al aumento de la pobreza y la indigencia. Lamentablemente, la reticencia informativa es un modo de ocultar la realidad que también impide tomar medidas adecuadas para prevenir y salvar vidas.

La suba, como los reconoce el informe, expresa la profundización de la inequidad, ya que mientras la tasa de mortalidad de la Ciudad de Buenos Aires es de 8,4 por mil, en Formosa es de 22,9 y en Chaco de 21,2. Además, el Subsecretario de Salud Comunitaria del Ministerio de Salud de la Nación admitió que "el 60% de las muertes podría prevenirse con controles en el embarazo, pero hay muchos embarazos adolescentes y no planificados". Se debe, entonces, impulsar y sostener la educación sexual, promoviendo y facilitando cuidados y métodos preventivos.

Focalizando las tareas en las áreas geográficas más empobrecidas, es necesario que se profundicen e integren los esfuerzos preventivos y asistenciales de los dispositivos sanitarios, los planes sociales y las escuelas, para que se logre reducir el nivel de muertes de bebés.

El aumento en la mortalidad infantil pone de manifiesto la necesidad de fortalecer la estrategia de atención sanitaria, articulándola con las políticas social y educativa.

 

Fuente: Diario «Clarín», Sección “Opinión”, 20 de abril de 2009.

 

             

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