Dan de alta al chico que recibió cuatro órganos

 

Le reemplazaron hígado, duodeno, páncreas e intestino delgado en febrero. Y ayer dejó el hospital.

 

Por: Valeria Román

 

Agustín Acosta, el nene que recibió un múltiple trasplante de órganos en febrero, se recuperó al ritmo del cuartetazo. Sus médicos del Hospital Italiano de Buenos Aires le dejaron escuchar ese género musical propio de su provincia, Córdoba, en la sala de terapia intensiva, durante los tres meses que duró el período postoperatorio. "Queríamos que se sintiera como en su casa", explicó ayer a Clarín el jefe de trasplante de intestino, Rodrigo Sánchez Claría.



El nene tiene tres años y a principios de febrero recibió la donación de hígado, duodeno, páncreas e intestino delgado, que eran de un bebé de 45 días. "Fue más difícil el posoperatorio que el trasplante mismo", confesó el especialista. Porque el equipo médico tuvo que controlar la aparición de infecciones, un problema bastante común ya que los pacientes trasplantados reciben medicamentos que debilitan su sistema inmune para que el organismo acepte a los nuevos órganos.



Pero Agustín salió adelante. Ayer le dieron el alta del hospital y tiró un beso con su manito a los periodistas presentes en una conferencia que se armó en el hospital. Estaba en los brazos de su abuela materna, Ermelinda Maidana. Después, junto con su mamá, de 19 años, el nene se fue a vivir transitoriamente a dos cuadras del hospital, en la Casa Ronald McDonald's, donde dan alojamiento a chicos del interior que vienen a tratarse en Buenos Aires.



Además de escuchar música cuartetera, Agustín también pudo empezar a saborear comida en el hospital. Todo un acontecimiento en su vida: desde su nacimiento, sufrió el síndrome de intestino corto, que le impidió digerir bien alimentos sólidos y por la boca.



Cuando tenía 4 meses de vida, el nene tuvo un terrible ataque de cólicos y diarrea con sangre. La mamá y los abuelos consultaron con varios médicos, que lo derivaron de urgencia al Hospital de Niños de Córdoba. Y pasó a recibir alimentación por vía endovenosa, porque su propio sistema digestivo no funcionaba bien.



"Al recibir nutrición parenteral permanente, se fue dañando el hígado de Agustín", contó la gastroenteróloga Verónica Busoni. Entonces, el nene empezó a sufrir cirrosis. También, tuvo un déficit en el crecimiento en peso y en altura. El cuadro se complicó tanto que los médicos decidieron que el trasplante de hígado, duodeno, páncreas y del intestino delgado iba a ser la opción más adecuada. Tuvo que esperar mucho más de la mitad del tiempo que llevaba de vida en la lista del Incucai. Hasta que en febrero pasado llegaron los órganos compatibles.



Para acceder al trasplante, la familia de Agustín -muy humilde y sin cobertura médica- contó con apoyo del gobierno de Córdoba. "Nos han ayudado muchas personas durante todo este tiempo", reconoció la abuela ayer.

Y la médica Busoni comentó que el nene está ya disfrutando ahora de las comidas: "A los 45 días del trasplante, le empezamos a dar leche. Después, fuimos agregando otros alimentos, como polenta, pollo, fideos, sopas, carne. De a poco, pero se está recuperando bien".

 

Fuente: Diario «Clarín», Sección “Sociedad”, 06 de mayo de 2009.

 

             

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