Mujeres que lideran la lucha global por la integración

Contra la xenofobia. Iniciativas que promueven la relación de género rompen barreras étnicas.

Por: Naomi Wolf, ESCRITORA Y ACTIVISTA SOCIAL

Los últimos diez años han demostrado una y otra vez que fortalecer a las mujeres en todo el mundo es la clave para resolver muchos temas que parecen inabordables y que, de lo contrario, plantean grandes obstáculos a las autoridades. En una reciente visita a Copenhague para conmemorar el Día Internacional de la Mujer conocí a Elisabeth Moller Jensen, la directora del KVINFO, "el centro dinamarqués para la información sobre género, igualdad y etnicidad", una organización extraordinaria que subsidia el Ministerio de Cultura de Dinamarca.

Uno de sus muchos programas innovadores ya presenta resultados en lo que respecta a una auténtica integración de las familias inmigrantes a la sociedad danesa. Al dedicarse con especial atención a las mujeres inmigrantes -y considerarlas posibles líderes en lugar de posibles mucamas o trabajadoras de servicios dóciles-, el KVINFO permite a sus familias ser testigo de las ventajas de una sociedad civil abierta en su propia vida.

El KVINFO inició en 2002 una "red de mentoras" dirigida a mujeres inmigrantes y refugiadas. Para 2010, contaba con cinco mil participantes, había ganado premios y conquistado la admiración internacional por su excelencia en lo relativo a prácticas de integración. En la actualidad se la imita en toda Dinamarca, y los observadores analizan programas o asociaciones de ese tipo en Canadá, España, Portugal y Noruega. El programa pone a las mujeres inmigrantes y refugiadas en una relación individual y personal con mujeres que tienen una posición de liderazgo consolidada en todos los planos y que actúan como mentoras. No se trata de una relación superficial.

Mediante un cuidadoso proceso de selección, se busca que coincidan los intereses y objetivos de ambas mujeres. El resultado ya es sorprendente. Se puso en relación a mujeres que eran periodistas, ingenieras o científicas en sus países de origen -y que no podían conseguir trabajo como cajeras de negocios en Dinamarca- con colegas danesas, y ahora vuelven a estudiar o trabajan en investigación.

Sin embargo, hasta las mujeres que llegan sin educación superior ni calificaciones profesionales crean un "plan de acción". Aprenden de sus mentoras qué opciones hay, cómo proceder y qué hacer para alcanzar sus objetivos.

A medida que se incorporan a la fuerza de trabajo, mejora su dominio de la lengua, los ingresos de su familia crecen y sus hijos ven a una mujer en un rol respetado y valorado en términos económicos. Sus seres queridos aprenden así cómo prosperar en un contexto europeo, y en ocasiones asisten a eventos que organiza KVINFO y aprovechan la creciente red de contactos de sus madres. De esa forma, en lugar de sentirse explotados y eternamente condenados a ocupar los márgenes -y ser, por lo tanto, vulnerables a la prédica de demagogos y extremistas-, los hijos de esas mujeres crecen familiarizados con la sociedad civil, bien informados respecto de las oportunidades profesionales y de educación superior, y con esperanzas en lugar de con cinismo. Al fortalecer a las mujeres, toda la familia se eleva y -de forma solidaria en lugar de con un estilo colonizador- se "europeíza" en el mejor sentido.

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2010. Traducción de Joaquín Ibarburu.

Fuente: Diario “Clarín”, Editorial, 11 de abril de 2010.

             

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