Robert G. Edwards, creador de la fertilización in vitro, Premio Nobel de Medicina

Manipular el inicio de la vida

Guillermo Jaim Etcheverry

Para LA NACION

"Queremos informar que una de nuestras pacientes, una mujer casada sin hijos de 30 años, dio a luz sin problemas y mediante una intervención cesárea realizada el 25 de julio de 1978 a una niña normal que pesó 2700 gramos." En poco más de 300 palabras, los doctores Patrick Steptoe y Robert G. Edwards comunicaban, el 12 de agosto de 1978, en la prestigiosa revista médica británica The Lancet , el nacimiento de la primera criatura humana producto de la obtención de un óvulo de la madre, su fertilización fuera del organismo con un espermatozoide -en una cápsula de Petri, a pesar de que se popularizó el nombre de "bebe de probeta"- y la reimplantación del embrión en el útero materno 60 horas después.

El Premio Nobel en Fisiología o Medicina acaba de reconocer este año al fisiólogo Robert Geoffrey Edwards, uno de los responsables del nacimiento de la niña, Louise Joy Brown, hoy madre de un hijo. Patrick Steptoe, que compartió con Edwards ese hito fundamental de la medicina moderna, murió en 1988, a los 75 años. La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo, que otorga el premio, destacó que "las investigaciones de Robert G. Edwards han transformado por completo el campo de la medicina reproductiva, y en la actualidad más de cuatro millones de niños han nacido gracias al descubrimiento de la fertilización in vitro (FIV), un avance que implica un cambio en el paradigma médico que ha permitido tratar diversos tipos de infertilidad".

Interesado desde la década de 1950, durante su formación en la Universidad de Edimburgo, Escocia, en el estudio de la infertilidad -condición que afecta a más del 10% de las parejas-, Edwards, nacido en Manchester, Inglaterra, en 1925, advirtió que una posible alternativa era intentar la fertilización fuera del organismo, es decir, in vitro . Fue así que se dedicó a investigar el control que ejercen las hormonas sobre la maduración de las células germinales femeninas, así como sobre el proceso de la ovulación. Demostró que los ovocitos humanos podían madurar fuera del organismo y ser fertilizados por un espermatozoide en esas condiciones. También fue el primero en demostrar que los ovocitos así fertilizados originaban embriones en sus primeros estadios. Cuando observó bajo el microscopio que se ponía en marcha la maquinaria de la vida, exclamó: "¡Asombroso! Supe entonces que todo un campo se abría ante mis ojos".

En 1935, experimentos realizados inicialmente por Gregory Pincus en Estados Unidos en ovocitos de conejo, luego continuados por otros investigadores, habían demostrado la posibilidad de realizar la FIV bajo ciertas condiciones. Pero las dificultades que planteaba el complejo proceso de fertilización en los seres humanos dificultaron los avances hasta comienzos de la década de 1960. Como es habitual, diversos hallazgos independientes allanaron el camino para lograr la FIV. Entre ellos, cabe citar la capacidad de controlar el proceso de maduración del ovocito; la obtención de ovocitos en un estado de maduración en el que resultara posible su FIV; la posibilidad de activar los espermatozoides in vitro así como de definir las condiciones que facilitaran la fertilización y el desarrollo embrionario inicial, y, finalmente, el desarrollo de un método que posibilitara transferir los embriones en sus estadios iniciales al útero de la madre.

Durante varios años, Edwards intentó establecer las condiciones que permitieran activar los ovocitos en reposo fuera del organismo. En 1965 sus esfuerzos se vieron recompensados cuando descubrió que los ovocitos humanos, a diferencia de lo sostenido hasta entonces, requerían 24 horas de incubación fuera del organismo para comenzar su proceso de maduración, etapa imprescindible para intentar la fertilización. El siguiente desafío era, precisamente, encontrar las condiciones que la promovieran. Adaptando los resultados obtenidos por uno de sus estudiantes, Barry Bavister, que trabajaba con esperma de hamster, Edwards demostró en 1969 que los espermatozoides humanos activados podían promover la fertilización de ovocitos humanos madurados in vitro . Estaban dadas, pues, las condiciones básicas para intentar el desarrollo de un procedimiento destinado a tratar la infertilidad.

Sin embargo, hasta ese momento sólo se lograba que el ovocito se dividiera una vez, dando origen a dos células. Pensando que eso podía deberse al tiempo transcurrido fuera del organismo hasta conseguir su maduración, Edwards decidió usar ovocitos que la hubieran completado en el ovario. Pensó que si se los obtenía inmediatamente antes de la ovulación los ovocitos podrían ser fertilizados habiendo alcanzado un mayor desarrollo. Fue entonces cuando, para resolver problemas técnicos que se presentaban para la obtención de ovocitos -desde 1963 trabajaba en la Universidad de Cambridge, de la que es actualmente profesor emérito-, reparó en un nuevo método, la laparoscopia, desarrollada entre otros por el ginecólogo Patrick Steptoe en el Oldham General Hospital, que permitía aspirar ovocitos desde el ovario. Ambos demostraron en 1970 que era posible recuperar ovocitos maduros inmediatamente antes de la ovulación de mujeres infértiles tratadas con hormonas apropiadas.

Esos ovocitos, fertilizados in vitro, podían dar origen a embriones humanos de ocho células, un hallazgo fundamental que luego fue ampliado al obtener embriones de más células. Al cabo de mucho esfuerzo destinado a ajustar la dosis de hormonas, puesto que interferían con el desarrollo posterior, en 1976 lograron el primer embarazo, que, por un defecto de implantación, no progresó. Recién en 1977 resolvieron los problemas, iniciándose una nueva era con el nacimiento de Louise, a las 23.47 del 25 de julio de 1978. "Nos decían de todo -recuerda Edwards-. Inmorales, poco éticos, deshumanizados." Era explicable: por primera vez el ser humano era capaz de manipular su propia concepción.

El acontecimiento tuvo enorme repercusión en el mundo entero y se plantearon encendidas discusiones en todos los terrenos posibles. Pero era evidente que no habría marcha atrás, ya que se había cruzado una frontera que parecía inconquistable. Estos procedimientos han avanzado de una manera vertiginosa, ya que cada vez es mayor el conocimiento en torno a los mecanismos básicos de estos complejos procesos biológicos que son rápidamente transferidos a la clínica. Tanto en la Clínica Bourn Hall, que Edwards y Steptoe fundaron en Cambridge, primer centro mundial dedicado a la FIV, como en centenares de instituciones en todo el mundo, estos métodos se fueron perfeccionando y se confirmó su seguridad, ya que los niños nacidos en estas condiciones tuvieron un desarrollo normal y se reprodujeron sin problemas. Edwards recuerda la emoción de Steptoe, seriamente enfermo, cuando le comentó que en su clínica ya habían nacido 1000 bebes en ocho años.

El mismo Edwards advirtió desde el comienzo los problemas éticos que rodeaban a la FIV y publicó un trabajo, junto con el abogado David Sharpe, sobre los desafíos que plantearía en el futuro la medicina reproductiva. Eso no evitó que el método despertara incredulidad entre sus colegas y oposición de iglesias, gobiernos y distintos medios de prensa. Como sucede en la historia de la ciencia, es éste otro ejemplo del enfrentamiento entre innovadores y conservadores. Es conocido el hecho de que los organismos oficiales que sostienen la ciencia en Gran Bretaña negaron todo apoyo a esas investigaciones, que continuaron con aportes privados, una historia que ha sido cuidadosamente analizada.

La metodología desarrollada por Edwards tiene también implicancias para los avances actuales en el campo de las células madre y del cáncer. Como cita la Asamblea Nobel, "retrospectivamente, es sorprendente que Edwards no sólo pudiera responder a las críticas permanentes que se hacían a la FIV sino que también haya continuado sin detenerse en la prosecución de su visión científica". Efectivamente, Edwards enfrentó numerosos obstáculos científicos, culturales y éticos durante su carrera. Encaró los dilemas morales con prudente reflexión y los científicos, con espíritu creativo y dedicación. Gracias a ello, hoy el 2-3% de los recién nacidos en muchos países ha sido concebido con el auxilio de las técnicas de FIV, que influyeron así en la vida de millones de personas infértiles a quienes han dado la oportunidad única de procrear. © LA NACION

Fuente: Diario «La Nación», 05 de octubre de 2010.

 

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