La genética, el nuevo valor para planificar una familia

La decisión de planificar una familia se puede basar ahora en la genética. Un cambio que puede tener beneficios personales y significar una maternidad y paternidad responsable, pero que también tiene implicancias para la sociedad en general, dicen los especialistas en bioética consultados por Clarín .

“El uso de tests genéticos preconcepcionales se puede evaluar, en primera instancia, positivamente. En muchos casos se trata de parejas que perciben que en la familia hay enfermedades hereditarias o que han tenido hijos con problemas de salud, y acuden a esos tests para saber si el problema se puede repetir en sus descendientes”, afirmó Florencia Luna, directora del área bioética de FLACSO e investigadora independiente del Conicet. “Ahora que se puede elegir cuándo quedar embarazados y ante la posibilidad de transmitir determinadas enfermedades, se tiene una mayor responsabilidad. A través del test, se evita el sufrimiento para los descendientes y brindar las mejores condiciones para la vida que comienza”. Sin embargo, Luna señaló algunos problemas posibles. “Los tests llevan a una mayor medicalización de la vida cotidiana. Porque se empieza a ir al médico antes de quedar embarazada. A largo plazo, se puede producir un problema de justicia: ¿quiénes tienen acceso a estos tests? Las personas con pocos recursos quedan muy solas.

En el futuro, habría enfermedades hereditarias que sólo las padecerán aquellos que no tienen recursos”.

En tanto, Patricia Digilio, filósofa y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, expresó que le parece ético que una pareja acuda a los test preconcepcionales y base en los resultados la conducta posterior, desde no tener hijos hasta recurrir a la adopción de niños o a la donación de gambetas sexuales. “Pero –enfatizó– hay que preguntarse cuál es la proyección social de esta tendencia . Se puede estar vendiendo la ilusión de que el hijo perfecto es posible en el contexto de una sociedad que aún hoy está poco dispuesta a aceptar la discapacidad y la enfermedad. No creo que haya que condenar este refinamiento técnico de la reproducción, pero sí habría que alentar más el debate sobre sus posibles consecuencias sociales”.

Fuente: Diario «Clarín», sección “Salud”, 15 de abril de 2011.

 

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