La muerte y el sentido de la vida

Por Sergio Zabalza PSICOANALISTA, HOSPITAL ALVAREZ

Pocos meses atrás, el caso de Melina González -una joven de 19 años aquejada por una enfermedad terminal- puso sobre el tapete el tema de la muerte digna . Después de muchos años de pelear, Melina pedía que la dejaran morir porque ya no soportaba los dolores a los que su mal la sometía.

Su solidaria lucidez la llevó a solicitar a los legisladores una ley para que, en adelante, nadie sufriera como ella.

Sucede que ahora nuestra sensibilidad se estremece una vez más ante el caso de una nena de apenas dos años de edad que, en estado vegetativo, ya no espera nada . Asistida por un respirador artificial, no cuenta con posibilidad alguna de acceder al sentimiento de sí que distingue a la criatura humana. Se podría decir que hoy Camila es un nombre que vive en el dolor de sus padres y de sus hermanos, un dolor cuyas cualidades y sentimientos se sostienen en la esperanza de que una ley otorgue sentido a una realidad casi imposible de tramitar.

Y es que las personas necesitamos del sentido como el aire que respiramos.

Sobre el fondo de la gratuidad de la existencia, las personas construimos razones, a veces delirantes o fundamentalistas -esas que justifican guerras, por ejemplo-, pero otras muchas, muy dignas con que encarar la vida con entusiasmo y alguna dosis de ilusión.

Si bien en el inmenso abanico que abarca la complejidad de la experiencia humana es muy difícil ubicar la vara que distingue las razones delirantes de aquellas dignas de respeto, el más inmediato y cotidiano quehacer nos aporta un precioso indicio: necesitamos del otro. Así, respetar al prójimo nos brinda la posibilidad de acceder al sentido.

No en vano, entre los elementos que Freud distingue como diques para hacer frente a la barbarie, figura el de la compasión. Tras aclarar que lástima se siente por los animales, el diccionario de María Moliner afirma que la compasión es “el sentimiento de pena provocado por el padecimiento de otros, impulso de aliviarlo, remediarlo o evitarlo” Intentemos entonces que, esta vez, el sentido le gane una batalla a la barbarie.

Diario Clarín, Sección Opinión, Tribuna, 23 de agosto de 2011

 

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