La ley de muerte digna dio otro paso clave en el Senado

Podría tener media sanción antes de fin de año. Los legisladores de cuatro comisiones analizaron ayer los cinco proyectos presentados, en un emotivo debate sobre la vida y sus límites. También participaron psicólogos, médicos, sacerdotes y abogados.

Por Mariana Iglesias

Una veintena de especialistas expusieron ayer sus opiniones sobre la muerte digna. Fue en una audiencia pública en el Senado, donde hay cinco proyectos sobre el tema. Todos los disertantes resaltaron la importancia del debate sobre una cuestión que hasta ahora parecía tabú. Y si bien se escucharon posturas disímiles, también hubo coincidencias, como dejar bien en claro que no se habla de eutanasia y que nadie busca el encarnizamiento terapéutico. Por el contrario, hubo un apoyo absoluto a la existencia de comités de bioética y de la puesta en práctica de los cuidados paliativos. Al parecer hay consenso y Senadores le daría media sanción este año.

El salón Manuel Belgrano se colmó no sólo de legisladores, sino también de piscólogos, abogados, médicos, sacerdotes y hasta familiares que reclaman el tratamiento de una ley de muerte digna, como Selva Herbón, la mamá que pide que “dejen ir” a su pequeña Camila. Los especialistas tuvieron diez minutos para analizar los proyectos. La mayoría opinó sobre el del senador Samuel Cabanchik (Proyecto Buenos Aires Federal), ya que es el que aborda casi todas las problemáticas que rodean el tema, como el testamento vital, el consentimiento informado, la objeción de conciencia, el estado de incapacidad o el ser menor. Los demás proyectos pertenecen a Elena Corregidor, Liliana Fellner y César Gioja (Frente para la Victoria), Liliana Negre de Alonso (PJ).

La primera oradora fue Florencia Luna, autora de numerosos libros de bioética y coordinadora del área de Flacso. Se refirió al proyecto de Cabanchik, sobre el cual dijo que “respeta a los pacientes y busca resolver los problemas que hoy existen”. Habló de la importancia de la limitación del esfuerzo terapéutico y de poder retirar el soporte vital cuando el tratamiento es fútil para el paciente. También resaltó el hecho de que los familiares y las personas cercanas afectivamente al paciente puedan tomar decisiones si la persona no dejó por escrita su voluntad anticipada. En este sentido, agregó que es fundamental que la persona pueda “cambiar de parecer” y así modificar su testamento vital anterior. Con respecto a los médicos, opinó que la objeción de conciencia debe ser personal y no institucional.

Por su parte, Rubén Revello, director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina (UCA), instó a recuperar la alianza médico-paciente para que “el arte médico no se someta a judicialización”. Pidió no tomar a la alimentación y la hidratación como ensañamiento terapéutico y remarcó la importancia de la evaluación previa: “Es mucho más difícil retirar que poner”, dijo en referencia a la asistencia respiratoria mecánica.

“Tengo más dudas que certezas –empezó Ricardo Rabinovich, profesor de derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA)–, pero desde el juramento hipocrático los médicos buscan lo mejor para sus pacientes, no la cura. Y a veces lo mejor no es la cura sino la dignidad”. Rabinovich aseguró que “es imprescindible modificar el Código Penal para quitarle al médico el miedo de que lo acusen de homicidio agravado”. También desde el derecho, Carlos Caramutti, vocal de cámara en lo penal de Tucumán, introdujo la idea de un funcionario público, “como la figura del procurador penitenciario”.

Nicolás Laferriere, director académico de la UCA, habló de “no matar, sino cuidar la vida”, sobre la “licitud de renunciar a tratamientos para que no haya encarnizamiento terapéutico”, al igual que Revello, apoya la idea de decirle sí a la alimentación y la hidratación.

Fernanda Ledesma, del comité de bioética del hospital Garrahan, se permitió dudar: “¿Es correcto que una persona esté años y años en terapia intensiva porque la tecnología lo permite? ¿Eso es vida? ¿Hasta dónde hay que llegar? ¿Cuándo parar?”. Carlos Castrillón, de la facultad de medicina de la UBA, también habló de la tecnología, y sostuvo que debe ser un medio, no un fin: “La tecnología debe estar bien empleada, hay que acabar con el imperativo de que la ciencia lo puede todo”. Habló de marcar a priori los objetivos terapéuticos: “Si el tratamiento no cura, no mejora, no alivia, es fútil, hay que limitarlo y no sostenerlo. No hay que defender un órgano sino un organismo como un todo”.

Celia Andrade, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, habló de respetar al paciente como sujeto autónomo y sugirió que participe un profesional de salud mental en cada caso. Al final, el senador Cabanchik evaluó como “muy positivo” el debate. Aseguró que con modificar la ley 26.529 del Derecho del Paciente (no reglamentada) no alcanza, sino que la muerte digna debe tener ley propia. “En el Senado, hay consenso para que haya media sanción antes de fin de año”, dijo

Fuente: Diario «Clarín», Sección “Sociedad”, 28 de septiembre de 2011.

 

                                                adnlinea.gif (9163 bytes)