Ciencia, alivio y esperanza

Por Gustavo De Simone | Para LA NACION

A diario, situaciones dramáticas vinculadas con el final de la vida nos tocan de cerca en la familia, el trabajo, la escuela o en los medios (que no sólo traen información, sino también acercan nuestras vivencias).

Los seres humanos en una situación semejante experimentamos la llamada "dupla sufriente": la amenaza a la integridad de la persona sumada al agotamiento o la disminución significativa de los recursos internos y externos. Esto derivará en un sufrimiento mayor o menor según las circunstancias biográficas, culturales, perceptivas y sociales.

Sabemos, además, que aquellas personas en el final de sus vidas, y cuyo sufrimiento apresura el pedido por la muerte, son quienes están agobiados por síntomas físicos (dolor, fatiga, falta de aire?), síntomas psicológicos (depresión u otros), falta de apoyo social y/o preocupaciones existenciales (ser una carga para los demás, pérdida de control, desesperanza, preocupación por el futuro).

La respuesta que existe hoy para prevenir ese sufrimiento, mitigarlo y promover la calidad de vida aún en situaciones de enfermedad o condición incurable, es la promoción y la implementación de programas de cuidados paliativos. Estos cuidados, brindados por profesionales de la salud competentes, cuidadores, voluntarios, ministros de fe y otros miembros de las redes sociales y sanitarias, atienden al enfermo más allá de la patología que padezca, y a su familia o grupo de referencia.

Considerar medidas que los garanticen de modo ineludible es, a mi criterio basado en la evidencia y experiencia, el pilar de una política que facilite el cuidado digno y la asistencia de la vida humana hasta el momento final. A ello se le suma la legitimación de limitar terapias y procedimientos inútiles y el derecho de los pacientes a no consentir o rechazar una indicación, promoviendo el ejercicio de las directivas anticipadas.

Recordemos que en estas situaciones terminales no podemos evitar la triste realidad que sucede, pero podemos (y debemos) trabajar para que la carga se reduzca a proporciones tolerables -para el muriente, sus seres queridos y la sociedad-.

Cofundador de la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos

Fuente: Diario «La Nación», Sección Opinión, 13 de febrero de 2012.

 

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