Desafíos de la salud

Los argentinos, víctimas de los males crónicos

Por Nora Bär | LA NACION

Si sólo fuera por la biología, los seres humanos tendríamos una expectativa de vida de poco más de 30 años. Sin embargo, los avances sociales y terapéuticos de los últimos dos siglos permiten que hoy vivamos mucho más. En el caso de los argentinos, alrededor de 76 años, en promedio, una cifra dos veces y media mayor.

Pero este logro, que merece celebrarse, presenta problemas y retos sin precedente para los individuos y el sistema de salud: "Somos algo así como «víctimas del progreso» -dice Federico Tobar, investigador principal del programa de salud del Cippec-. Sobrevivimos a las enfermedades transmisibles, vivimos más, pero nos exponemos a factores de riesgo que nos predisponen a padecer enfermedades crónicas que tienen un alto costo social e individual".

Tobar, Sofía Olaviaga y Romina Solano son autores de un informe que analiza, precisamente, el desafío de qué hacer frente a los males crónicos asociados con la vejez y los hábitos nocivos -como el sedentarismo o la obesidad-, que degradan la calidad de vida y exigen otras modalidades de atención de la salud, basadas en la promoción y la prevención.

Sobre las defunciones de 2010, que fueron 308.602 en todo el país, 163.294 fueron por enfermedades no transmisibles, dice Tobar. Entre ellas, las primeras son las cardiopatías, con un 25,6%, seguidas por los tumores malignos (19,9%) y las enfermedades cerebrovasculares (6,6%). En las provincias más ricas, las enfermedades cardiovasculares, tumores y padecimientos respiratorios explican casi el 80% de las muertes."

Segúnel investigador,estas dolenciasy otras, como la diabetes y los males respiratorios,no sólovan en aumento (porque crece su prevalencia mientras disminuye la incidencia de las infectocontagiosas), sino que, cuando se consideran indicadores epidemiológicos más complejos (como el de "años de vida perdidos por muertes prematuras"), su peso es mucho mayor y triplican al originado en causas perinatales, maternas y enfermedades transmisibles, tanto como al de las muertes violentas (accidentes, suicidios y homicidios).

"A medida que la población envejece, aumentan o se agravan las enfermedades crónicas -dice Tobar-. Y lo mismo ocurre con los costos asociados. Si no se logra influir sobre los individuos para que asuman comportamientos saludables, la situación se torna insostenible porque aumenta el riesgo de gastos catastróficos para las familias. "

Según el investigador, hacen falta respuestas diferentes porque las acciones que nos llevaron a superar las enfermedades transmisibles no tienen la misma efectividad en la no transmisibles. No hay vacunas ni antibióticos ni tratamientos de corta duración. Es imprescindible que el paciente cambie su estilo de vida y que el sistema de salud asuma funciones diferentes.

Para el doctor Sebastián Laspiur, director del Programa de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud de la Nación, "el sistema brinda una respuesta adecuada frente a una descompensación o un infarto, pero no resuelve el cuidado longitudinal de las personas".

"Estamos promoviendo en todas las jurisdicciones la reorientación de los servicios de salud para hacer más accesible y de mayor calidad la prevención de enfermedades crónicas y el control de los pacientes con factores de riesgo", dice Laspiur. Entre estas medidas, figuran una hoja de seguimiento, guías de práctica clínica para equipos de atención primaria (de diabetes, cesación tabáquica, manejo del riesgo cardiovascular).

Amenaza silenciosa

Uno de los principales obstáculos que conspiran contra la prevención y el adecuado control de las enfermedades no transmisibles es que son trastornos silenciosos: no dan síntomas hasta que se encuentran en una etapa avanzada de su evolución.

"Esto hace que uno de los grandes problemas sea la baja adherencia de los pacientes -subraya Laspiur-, especialmente en centros donde no hay turnos programados. Los males crónicos requieren que seamos enfermos más activos, más informados. Por eso estamos implementando registros de seguimiento, como un carnet para diabéticos e hipertensos que los ayude a acordarse de los controles que les van pidiendo... El paciente tiene que permanecer dentro del «radar» del sistema de salud para que, si no asiste, suene una señal de alerta. Son cambios profundos."

No es ésta la modalidad que se traduce en los balances de gastos actuales del sistema sanitario. Según el informe de Cippec, en el sector público mientras la prevención y regulación representa un costo per cápita mensual de alrededor de $ 15, la atención insume $ 167.

La inercia del sistema de salud y de las tradiciones de la comunidad médica no es eficaz para modificar hábitos, y esto probablemente explique por qué la situación, en lugar de mejorar, empeora: según la última encuesta nacional de factores de riesgo, el sedentarismo subió del 47 al 53%, el consumo de frutas y verduras sigue siendo bajo (en todos los estratos sociales) y la obesidad se incrementó en un 4% (del 14 al 18%).

Anticiparse a la enfermedad

"Esto no sólo depende del nivel socioeconómico -dice Laspiur-. Los argentinos consumimos dos porciones de frutas y verduras por día, cuando lo recomendado son cinco. Y no hay una diferencia muy ostensible entre los que ganan más y menos. Sabemos que los comportamientos tienen que ver no sólo con decisiones individuales, sino con los entornos sociales y físicos. Por eso promovemos los quioscos saludables en las escuelas, la disminución del contenido de sal en los alimentos procesados y la eliminación de grasas trans."

Para Tobar, la mayor dificultad para enfrentar esta situación es la fragmentación del sistema de salud local. "Hay una disolución de responsabilidades -explica-: muchos actores, pero sin un responsable primario. Las provincias se ocupan, los municipios se ocupan, la Nación se ocupa... Hay duplicación de respuestas, pero también discontinuidad del cuidado. Como el tejido de Penélope, cada jurisdicción o servicio empieza todo de nuevo. Y ni siquiera la gratuidad garantiza resultados: incluso con el plan Remediar, que asegura la provisión de antihipertensivos y antiglucemiantes orales, los hipertensos reciben en promedio cuatro tratamientos anuales, y los diabéticos cinco. No se recorre ni la mitad del camino."

Y concluye: "También es fundamental responsabilizar a los profesionales por el cuidado de la población que tienen a su cargo. En lugar de quedarse en el consultorio a la espera del paciente, el equipo de salud tiene que salir a anticiparse a la enfermedad"..

Fuente: Diario «La Nación», 16 de febrero de 2012.

 

                                                adnlinea.gif (9163 bytes)