Los médicos temen mostrar sus sentimientos

POR LEEAT GRANEK

Mi madre murió de cáncer de mama en 2005 luego de vivir con la enfermedad durante casi 20 años. Su oncólogo, al que conozco desde mis 9 años, la atendió durante la mayor parte de ese tiempo. Prácticamente crecí en el hospital, y mi familia se sentía muy apegada al personal médico, sobre todo al oncólogo. Cuando mi madre murió, me pregunté si el sentimiento sería mutuo.

¿Los médicos lloran la pérdida de un paciente cuando éste muere? En la profesión médica, rara vez se habla de ese dolor, excepto, tal vez, como ejemplo del tipo de emoción que un médico experimentado evita sentir. Sin embargo, en un trabajo que se publicó la semana pasada en Archives of Internal Medicine (y en un artículo que aparecerá en la revista Death Studies ), mis colegas y yo informamos lo que descubrimos en unainvestigación sobre los oncólogos y la muerte de pacientes: los médicos no sólo lloran la pérdida sino que el tabú profesional respecto de esa emoción también tiene consecuencias para ellos, así como para la calidad de la atención que brindan.

Nuestro estudio se desarrolló entre 2010 y 2011 en tres hospitales canadienses. Entrevistamos a veinte oncólogos de distintas edades, sexos y orígenes étnicos que tenían una amplia experiencia en ese campo – desde un año y medio de práctica en el caso de los becarios de oncología hasta más de treinta años en el caso de los oncólogos de más edad-. Utilizando un método empírico cualitativo conocido como muestreo teórico, analizamos los datos codificando la transcripción de cada entrevista por temas y luego comparando las conclusiones con todas las demás para ver qué temas se destacaban con más fuerza.

Descubrimos que l os oncólogos tenían dificultades para manejar sus sentimientos de pena con la objetividad que consideraban necesaria para hacer su trabajo. Más de la mitad de los participantes informaron sentimientos de fracaso, falta de confianza en sí mismos, tristeza e impotencia como parte de su experiencia de duelo, y un tercio habló de sentimientos de culpa, insomnio y llanto.

Nuestro estudio indicó que el dolor por la pérdida de un paciente en el contexto médico se consideraba vergonzoso y poco profesional. Aun cuando los participantes luchaban con sus sentimientos de pena, los ocultaban porque mostrar emoción se consideraba un signo de debilidad.

De hecho, muchos comentaron en las entrevistas que era la primera vez que se les hacían esas preguntas o que hablaban de esos sentimientos.

El impacto de todo ese dolor no reconocido es precisamente lo que no queremos que experimenten nuestros médicos: falta de atención, impaciencia, irritabilidad, agotamiento emocional y síndrome de “burnout”.

Aún más inquietante resulta el hecho de que la mitad de los participantes informaron que la molestia que sentían por dolerse de la muerte de un paciente podía afectar las decisiones posteriores sobre el tratamiento de otros pacientes, llevándolos, por ejemplo, a realizar una quimioterapia más agresiva, incluir al paciente en un ensayo clínico o recomendar una nueva cirugía cuando los cuidados paliativos podrían ser una mejor opción. Uno de los oncólogos de nuestro estudio expresó: “A veces veo una incapacidad para detener el tratamiento cuando éste debe ser detenido, cuando el tratamiento es claramente inútil.” Vale la pena hacer notar que la mayoría de los médicos quieren lo mejor para sus pacientes y que el resultado de cualquier intervención médica a menudo es desconocido . También cabe destacar que los oncólogos y otros médicos que enfrentan cuestiones relacionadas con el fin de la vida hacen lo correcto cuando ponen algunas barreras emocionales: nadie quiere ver a su médico deambular ostensiblemente desconsolado.

Pero nuestra investigación indica que el dolor por la pérdida tiene un impacto negativo en la vida privada de los oncólogos y que hay una inquietante relación entre la incomodidad que sienten los médicos ante la muerte y la pena y la forma en que tratan a los pacientes y sus familiares.

Los oncólogos no reciben capacitación para manejar su dolor y tendrían que recibirla.

Además de brindar esa capacitación, debemos tomar la muerte y el duelo como una parte natural de la vida, en especial en los contextos médicos.

Para mejorar la calidad de la atención que se da a los pacientes y sus familias al final de la vida, también debemos mejorar la calidad de vida de sus médicos dándoles espacio para sufrir por las pérdidas como cualquier otra persona.

Copyright The New York Times, 2012. Traducción: Elisa Carnelli.

Fuente: Diario Clarín, sección Opinión, 04 de junio de 2012.

 

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