Tras dos meses de internación

Fue dado de alta el testigo de Jehová, pero deberá ser operado

En 45 días le sacarán la bala alojada en el cerebro y tendrá que decidir si acepta o no la transfusión

Albarracini se resiste a recibir sangre por sus creencias religiosas. Foto: Archivo

Pablo Albarracini, el testigo de Jehová baleado durante un asalto, cuya mujer se negó a que le hicieran una transfusión de sangre por sus creencias religiosas, fue dado de alta de la clínica Bazterrica, donde permanecía internado desde hacía casi dos meses. Sin embargo, una nueva polémica podría abrirse en 45 días, cuando el joven deba ser nuevamente operado y requerirse, otra vez, una transfusión.

El caso había desatado una batalla judicial entre su padre y su mujer por una transfusión que los médicos aseguraban que era vital para salvar la vida del paciente. Pero la mujer, Romina Carnevale, se negó a que lo transfundieran al alegar que su marido había firmado cuatro años atrás un documento en el que expresaba que no aceptaba recibir ese tipo de tratamiento.

Las transfusiones son rechazadas por los testigos de Jehová a raíz de la interpretación de diversos versículos bíblicos que hablan de la prohibición de recibir sangre porque es como "comer la vida o el alma". Esta rama del cristianismo es la única que rechaza recibir transfusiones.

Desesperado, ante la gravedad del estado de salud de su hijo, Jorge Albarracini recurrió a la Justicia para forzar una transfusión y el caso llegó a la Corte Suprema, que finalmente se expidió a favor de respetar la voluntad de Pablo. En el fallo unánime del máximo tribunal, que había sido duramente criticado por Albarracini padre, se alegó: "La ley argentina reconoce a toda persona capaz mayor de edad la voluntad de disponer directivas anticipadas sobre su salud pudiendo consentir o rechazar determinados tratamientos médicos preventivos o paliativos y decisiones relativas a su salud".

Después del fallo, la salud del testigo de Jehová de 38 años comenzó a mejorar lentamente, con lo que se descartó la transfusión.

RECUPERACIÓN

Ayer, el abogado del padre, Ricardo Monastero, confirmó que el joven ya camina y lo asiste un kinesiólogo y que cursa un posoperatorio favorable de la cirugía a la que fue sometido días atrás.

Sin embargo, en aproximadamente 45 días, Pablo será intervenido quirúrgicamente para sustraerle la bala que permanece alojada en el cerebro, algo que demandará un nuevo debate en torno al tratamiento más adecuado para él. La diferencia es que el joven baleado estará consciente y en condiciones de ratificar o rectificar su decisión de no aceptar transfusiones. "Si es inevitable hacerle una cirugía, se le preguntará si acepta recibir sangre", indicó el letrado, que afirmó que el tema no volvió a ser debatido entre los miembros de la familia.

"Tras el fallo de la Corte, la familia se abocó de lleno a la recuperación de Pablo. No tocaron el tema, ambas partes fueron muy respetuosas, tanto el papá como la esposa, y dejaron el episodio para más adelante, cuando Pablo también tome conciencia de lo que pasó y pueda darse cuenta de que por una u otra vía cada uno quería lo mejor para él", indicó Monastero.

Un caso similar al de Albarracini, pero que terminó en muerte, fue el de una mujer de 35 años de Concordia, Entre Ríos, que falleció el 5 de junio pasado, luego de negarse a recibir una transfusión de sangre a raíz de una grave neumonía.

Alberto Rotman, el director del sanatorio Garat, donde la mujer estuvo internada, confirmó que la paciente Iris Fracalossi tenía un documento firmado bajo escribano público en el que se negaba a recibir una transfusión por motivos religiosos. "No hubo ningún recurso jurídico interpuesto porque la paciente directamente se negó", aseveró el médico..

Fuente: Diario La Nación, sección Sociedad, 24 de junio de 2012.

 

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