Asociacion Argentina de Bioetica

 

Entrevista al Dr. José Alberto Mainetti (*)

 

   A su juicio ¿cuál es la verdadera importancia de la bioética?

     El origen mismo de la bioética, incluso terminologicamente, es una palabra compuesta por dos términos griegos, “bio”: que significa vida, vida humana en particular, porque cuando el griego quería significar la vida en general refería a “zoé”, de ahí viene nuestro zoológico, pero “bio” es la vida en sentido de vida humana, de biografía; y “ethiké”: la palabra que significa ética, moral. ¿Por qué una ética de la vida? Porque en este fin de siglo hay algunas razones que han llevado a la necesidad de repensar la vida, la vida humana en particular y que son fundamentalmente estas que voy a mencionar.  En primer lugar, la “crisis ecológica”: hay un problema ambiental, debemos cuidar la vida en general, la vida vegetal, la vida animal, la vida humana, la vida sobre el planeta está amenazada por obra misma de la mano del hombre, que con su proceso agresivo de industrialización ha llevado a deteriorar el medio ambiente, a agotar los recursos y a comprometer la salud. Este es un tema muy importante. Hay una segunda razón por la cual “llega” la bioética, y es lo que se llama la “revolución biológica”. A partir de los años 50’ la biología se ha hecho molecular, es decir, ha tomado un modelo muy parecido al que tuvo la física durante la primera mitad del siglo, esto es una física nuclear con una tecnología —de ella derivada— la fusión atómica cuyas consecuencias todos conocemos en la explosión atómica de Hiroshima y Nagasaki, y la biología se ha hecho una biología molecular, es decir, que ha ido a niveles ultra-celulares  y al mismo tiempo a una tecnología derivada de esta biología molecular que es la ingeniería genética o la manipulación genética, que es un adelanto formidable, pero que tiene también enormes consecuencias para la humanidad, para nuestra sociedad. Estas son dos raíces muy importantes. Y el tercer problema por el que nace la bioética es el avance de la medicina en general y el concepto de “calidad de vida”. La bioética podría ser una buena medida de “calidad de vida”, necesidad de conservar y de desarrollar nuestra calidad de vida que es el nuevo nombre que tiene la salud por todo el contexto nuevo que trae aparejado el progreso tecno-científico en la medicina y este problema ecológico que sin duda es tal vez el mayor desafío que tiene la humanidad.

     En algunas de sus conferencias, Usted ha mencionado las Leyendas de Narciso y Pigmalión. ¿Cuál es la relación existente entre las mismas y la bioética?

     En toda cultura siempre hay símbolos que pretenden expresar un imaginario social, una conducta, y varios autores de nuestros días, desde hace ya algunos años, han hablado de que el símbolo mayor, tal vez el héroe máximo de nuestro tiempo es Narciso, y se preguntaron ¿En qué sentido?. En la Leyenda que narró Ovidio, “Metamorfosis” (un viejo mito de Grecia), se cuenta la vida de Narciso, un  muchacho que era muy hermoso y que había dedicado su vida a contemplarse a sí mismo,  hasta que se enamoró de sí mismo. Razón por la cual termina muy mal.  Estaba tan enamorado de sí mismo que —una vez— al mirar el reflejo de su figura en el río pretende asirla y se ahoga. Se ahoga en el intento de amarse a sí mismo, de aprehenderse a sí mismo. En realidad lo que queremos señalar cuando hablamos de Narciso, es esa tendencia contemporánea muy individualista, hedonista; digamos la búsqueda del placer, la satisfacción, el aislamiento, una actitud poco comunitaria.

 Y Pigmalión (el otro mito) tiene mucho que ver con Narciso. Pigmalión es un hombre que es escultor, que se ha enemistado también con las mujeres, es un Narciso que no se conforma con mirarse a sí mismo sino que quiere reflejarse en algo que él crea a través de lo cual logra consumar un amor que no logra encontrar en la realidad, entonces recluido en su actividad, construye una estatua y termina enamorándose de ella; como si el subconsciente lo traicionara (porque él no quería tener  relación  con ninguna mujer y la estatua que él hizo es una mujer) logra que Venus la Diosa del Amor —sorprendida por este amante tan particular— haga el milagro de darle vida a la estatua. Y ¿qué significa esto? Intenta mostrar el anhelo del hombre por  encontrar el otro perfecto, es un ideal. El arte es un poco esa actitud que tiene el hombre de superar la realidad y el artista es el que, de alguna manera, logra crear un objeto que se consume en su propia contemplación, es decir, el objeto estético es para ser mirado, admirado, contemplado, de alguna manera sublima la realidad. Pero también puede interpretarse, y es como lo hacemos nosotros, como esta nueva actitud que ha tomado la ciencia médica que quiere cambiar la naturaleza humana, modificarla, esculpirla, modelarla, plasmarla de otra forma,  entonces tenemos hoy los trasplantes por ejemplo, la cirugía cosmética que logra cambiar la imagen, la reproducción asistida, es decir que el hombre tiene el deseo de tener un hijo entonces logra reproducirse de forma artificial. Da la impresión que Pigmalión es un excelente símbolo de esta nueva línea, orientación de la medicina transformadora de la naturaleza humana y con todos los inconvenientes que apareja este cambio en nuestra naturaleza, entonces de alguna manera, este mito de Pigmalión y el de Narciso se corresponden, y esto significa una conjunción muy poderosa porque al tener nosotros una actitud muy hedonista, muy de la imagen, muy facilista, muy estética, y por otro lado, existir todas esas posibilidades de transformación de la imagen del cuerpo, podemos incurrir en excesos, en defectos. En fin, en vicios que  —de alguna manera— hay  que controlar, nosotros tenemos mucho poder y el poder hay que controlarlo.

La bioética está vinculada también a los hábitos de vida. Pienso que hay que tomar el concepto de bioética en un sentido muy amplio, no sólo en el sentido de una ética- médica, de una ética profesional; el concepto más fundamental es considerar que la bioética es una ‘cultura de la vida’.  No hay duda que necesitamos una ‘cultura de la vida’, es decir, que necesitamos emplear bien los  adelantos tecnocientíficos y segundo, tener una educación. Sobre todo una educación moral, por eso yo suelo recordar, que en este momento en que el hombre tiene tanto poder, y que por un lado se está asimilando a las máquinas, porque el robot ya es una realidad en nuestras vidas, prácticamente estamos entrando en una simbiosis, el ‘cibor’ es justamente la expresión del organismo cibernético, esta mezcla de máquina y hombre. Es importante que tengamos en cuenta que el hombre no es ni una máquina, ni una bestia, esta es la situación tan difícil que tiene el hombre. Para  recordar esta realidad, el cuento de Pinocho puede ayudar. Pinocho es una leyenda de fines del siglo pasado. Su autor quiso dar a entender cómo el hombre no es ni un cuerpo ni un espíritu, si no que es una vida, una narración, un relato, es un proceso que va del nacimiento a la muerte, y que tiene un fin que es el bien, es el deber ser que Pinocho va lentamente, progresivamente adquiriendo, con el error, con el ensayo y con todos los vicios que el lleva de su cuna y de su mala madera, porque Pinocho es de mala madera, como somos todos. Incluso, se hablaba de él como un perverso polimorfo, como decía Freud. Los chicos son los verdaderos narcisos, quieren todo para ellos. El niño, sobre todo hasta los tres – cuatro años, es un ‘perversito, no es tan inocente como nosotros queremos verlo, porque el niño no tiene un orden moral, lo adquiere muy lentamente. En el caso de  Pinocho que es ingrato con su padre y en cuya vida todo es malo, lentamente el se va haciendo un chico de buen corazón, y va adquiriendo consciencia del deber, cuando él peca o comete vicio, cuando incurre en una mala acción le crecía la nariz, para recordarle que era muñeco, y que ahí no es el conductor de sí mismo, que no es un ser autónomo. Es importante tenerlo presente para recordar que el hombre es un ser moral, y que nuestro deber es —justamente— un deber ser. El hombre no es un ser natural, a diferencia de un cisne o de una estrella, el hombre no está en el verdadero carril, el hombre tiene que encontrar siempre el camino, las demás cosas tienen trazadas su ruta, el hombre no tiene destino tiene que dárselo, proponérselo, tiene que inventarlo si no lo sabe reconocer. Esta es la angustia y esta es la tragedia, pero también es la esperanza, la diferencia, lo que hace del hombre un ser excepcional, algunos dirán ‘sobrenatural’, todos digamos que es un ‘bicho muy raro, de eso no cabe ninguna duda.

 

   ¿Cómo ve Usted el panorama de la Bioética en nuestro país en general y en Mar del Plata en particular?

     Yo lo veo muy esperanzadamente. En pocos años en la Argentina el desarrollo de la bioética, tanto en el plano institucional, académico, político, asistencial como en el caso de los Comités de Etica en los hospitales, ha sido realmente importante. Considero que la bioética es fundamentalmente una cultura, entonces, en la medida en que nosotros consigamos un desarrollo institucional, es decir, que se enseñe la materia, que haya maestría, cursos, post-grados, que los médicos (que tienen tanta parte en este problema) asimilen en sus instituciones, en los hospitales este tipo de propuestas, yo lo veo como algo muy importante. Vivimos en una cultura de la vida, una cultura —más específicamente— de la calidad de la vida, es decir de la salud, y nosotros debemos, entonces, dar prioridad a  esta cultura. Cultura que empieza por lo ecológico, por el medio ambiente, es una responsabilidad moral-planetaria de toda la humanidad, por la calidad de vida, por nuestra salud, por manejar esta nueva revolución biológica, que está cambiando nuestras formas de nacer, de reproducirnos, de morir. Lograr que haya dignidad en el nacer, en el morir, el reproducirse, todos son estos son grandes desafíos que nos toca enfrentar en este fin de siglo. Nosotros estamos presenciando el fin de siglo y vemos que, para aproximarse al siglo que viene, el hombre necesita una nueva cultura, una cultura ética de la vida.

 

Carolina Visús — Lynette Hooft

 

(*) El Dr. José Alberto Mainetti es Doctor en Medicina y en Filosofía por la Universidad Nacional de La Plata. Ex- Profesor Titular de Humanidades Médicas en la Facultad de Ciencias Médicas. Ex- Profesor Titular de la Cátedra de Antropología Filosófica y Bioética en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la misma Universidad. Investigador Principal del CONICET, y de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. Director Académico de la Carrera de post-grado en Bioética de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Presidente Honorario de la Asociación Argentina de Bioética. Director del Instituto de Bioética, Fundación Dr. José María Mainetti (La Plata).

Entre sus obras más destacadas se encuentran: “Bioética Sistemática”, “Bioética Ilustrada”, La Revolución Bioética. La crisis bioética”, “Antropo-Bioética”, “Etica Médica” y “La Transformación de la Medicina”, entre otras. Es autor de numerosos artículos y trabajos de investigación bioético – filosóficos.

 

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