“Las relaciones peligrosas: la medicina y el complejo médico industrial. Addenda abril 2003”(*)

 Jorge Luis Manzini(**)

 

 

Luego de mi exposición en las III Jornadas de Bioética del Consejo Superior del Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires en Bahía Blanca el 4 de octubre de 2002, siguieron apareciendo en la literatura numerosos artículos y noticias sobre el tema, que me dieron nuevos elementos para la denuncia que pretendo hacer, de la influencia indebida de la industria farmacéutica y de tecnología médica, en las decisiones médicas.

Las más importantes de las que he leído aparecieron en una serie de cuatro artículos en The Lancet durante el mes de noviembre, bajo el título “Medicines, Society and Industry”. A cargo de prestigiosos expertos en farmacología y en Salud Pública,  los artículos desarrollan los temas  de la industria farmacéutica como informador[1],  como  factor de poder (político)[2] y como proveedor de medicamentos[3], y  la responsabilidad de la industria farmacéutica[4].

Los trabajos repiten mucha de la información que ya conocía y está vertida en mi ponencia original, pero agregan datos, cifras y ejemplos y, como nuevo para mí, tratan la influencia de la industria sobre las agencias reguladoras y sobre los gobiernos.

 

Analizando a la industria “como informador”, se resalta que las compañías dan acerca de sus productos, información incompleta, tendenciosa y de promoción. Se critica la información (promoción) directa al público de medicamentos de venta bajo receta, como ocurre en EE.UU. y Nueva Zelandia1.

 

 En el trabajo que analiza a la industria como factor de poder político, en cuanto a las agencias reguladoras, se cita el caso de la FDA (Food and Drugs Administration) estadounidense de la que  se relata que los expertos, merced al “lobby” hecho por las compañías,  suelen iniciar su carrera en la industria, la prosiguen en la FDA, para volver a terminarla, ya prestigiosos, en un puesto más alto en la industria (proceso “de la puerta giratoria”),  lo cual se subtitula como “captura de la agencia por la industria” (o “captación” –capture-). Supuestamente, los controles cada vez más laxos y los procedimientos que favorecen los intereses de la industria, se originan en estos manejos, que producen sin duda conflictos de lealtades en los expertos. Por su parte, la “Medicines Control Agency” (MCA) británica padece también frecuentes conflictos de intereses de sus funcionarios que suelen tener conexiones directas con la industria a la vez que trabajan en la regulación, a pesar que desde 1971 al menos hay legislación  que trata de contrarrestar este  problema.

En lo que se refiere a los gobiernos, se lamenta que muchas veces éstos parecen proteger más los intereses de la industria que los de los pacientes, habiéndose logrado que los interesados -consumidores, comunidad científico/médica- tengan escaso acceso a los procesos regulatorios.

Se recuerda también que la tan mentada Conferencia de Armonización de las normas  para la aprobación de fármacos para uso humano (International Conference of Harmonisation of Technical Requirements for Registration of Pharmaceuticals for Human Use), fue organizada e influenciada notoriamente por la industria2.

 

En cuanto al rol de proveedor de medicamentos de la industria, se reiteran las críticas conocidas en cuanto a la agenda de investigación y desarrollo de fármacos, y se resalta el proceso que se viene dando desde el planteo de Sudáfrica por los medicamentos para el sida desde el año 2000 en adelante, que llevó a disposiciones de la Organización Mundial del Comercio (WTO) para los países en desarrollo, que pueden dar una pista de cómo enfrentar los intereses egoístas de las compañías3 .

 

Finalmente, el trabajo sobre responsabilidad de la industria, plantea frontalmente que si las compañías son responsables ante sus accionistas, también lo son ante la comunidad, y que por esta vía se les puede exigir  comportamientos más solidarios. Se insiste aquí sobre el lucro desmedido, comparando el precio de venta con el costo de producción, treinta veces menor. Ante el argumento sostenido por la industria en cuanto a la gran inversión que significa el desarrollo de un nuevo fármaco, se exhiben datos que muestran que, en realidad, el mayor gasto lo tienen en promoción y publicidad, costo que se reduciría enormemente si los medicamentos dejaran de manejarse como una mercancía cualquiera4

 

 

Otras novedades incluyen: a) iniciativas del gobierno de los E.UU. para favorecer el desarrollo de medicamentos genéricos[5], b) la ley europea sobre medicamentos, que pone en manos de organismos de la Unión Europea la aprobación de nuevos medicamentos, con validez para todos los países miembros (deja para las agencias de los distintos países la aprobación de nuevas presentaciones y aplicaciones de fármacos ya aprobados), neutralizando las estrategias de “punta de lanza” de la industria en los países más permisivos[6], y c) arreglos entre la FDA y la industria para la aprobación de protocolos, que debilitan el poder regulador de los Consejos de Revisión Institucional (IRB) locales[7]

 

Se puede también agregar, como ejemplos de recomendaciones sospechosas de “expansión de mercado”,  la supuesta indicación de estatinas para la prevención primaria, sucesivamente en pacientes adultos de cualquier edad con colesterol normal pero otros múltiples factores de riesgo[8], en ancianos  con colesterol normal pero otros múltiples factores de riesgo[9], y en pacientes hipertensos con colesterol normal[10].  Sobre este último caso  me sorprendió muchísimo un e-mail que me mandara el editor del Lancet en mi “carácter de usuario registrado del  Lancet online”, anticipándome la publicación del trabajo esa semana (Richard Horton, comunicación personal 02/04/03) como si se tratara de un asunto de vida o muerte que obligara un cambio inmediato en mi práctica.

 

Como síntesis transcribo el resumen del trabajo de MN Graham Dukes, del Instituto de Farmacoterapia de la Universidad de Oslo, último de la serie “Medicines, Society and Industry”, del Lancet, en traducción mía:

 

“La industria farmacéutica es responsable, por un lado ante sus accionistas y por el otro ante la sociedad en su conjunto. Estas dos obligaciones pueden, en principio, ser cumplidas a la vez. Sin embargo, la industria ha venido desarrollando prácticas que no tienen en cuenta a la sociedad, incluyendo el precio excesivo o inapropiado de los medicamentos, la indiferencia ante las necesidades y limitaciones de los países en desarrollo, el desequilibrio entre la verdadera innovación y lo que es sólo mera promoción, la interferencia con las investigaciones clínicas, y los esfuerzos para manipular el razonamiento médico y las prioridades para expandir el mercado. En estos aspectos la industria farmacéutica debe ser llamada al orden. La industria ha demostrado ser suficientemente flexible como para realizar cambios si la sociedad persiste en sus reclamos. Sin embargo, para influir sobre las corporaciones multinacionales en forma efectiva, los esfuerzos de los gobiernos deben ser complementados por otros, especialmente de las muchas “organizaciones no-gubernamentales” [ONGs]  que han demostrado poder representar efectivamente los intereses de la sociedad en materia de Salud Pública” 4.


(*) Aporte a la Reunión Abierta del Comité de Ética del Hospital Privado de Comunidad: “Las relaciones peligrosas: los médicos y la industria”. Reunión semanal de Medicina Interna, Hospital Privado de Comunidad de Mar del Plata, 16/05/03

(**) Médico. Especialista Universitario en Bioética. Hospital  Privado de Comunidad y Universidad Nacional de Mar del Plata. E-mail: manzmdq@sinectis.com.ar

 

[1] Collier J, Iheanacho I. Medicines, society and industry  I: The pharmaceutical industry as an informant. The Lancet 2002;360:1405-09

[2] Abraham J. Medicines, society and industry  II: The pharmaceutical industry as a political player. The Lancet 2002;360:1498-502

[3] Henry D, Lexchin J. Medicines, society and industry III: The pharmaceutical industry as a medicines provider. The Lancet 2002;360:1590-95

[4] Graham Dukes MN. Medicines, society and industry IV. Accountability of the pharmaceutical industry.

The Lancet 2002;360:1682-84

[5] An innovative challenge to the pharmaceutical industry [Editorial]. The Lancet 2002;360:1341

[6] Rogers A. European Parliament approves pharma law overhaul. The Lancet [News] 2002;360:1397-8

[7] Mann H. Clinical trial protocols: agreements between the FDA and industrial sponsors. [Commentary] The Lancet 2002;360:1345-6

[8] Sacks FM, Tonkin AM, Shepherd J, Braunwald E, Cobbe S, Hawkins CM, Keech A. Effect of Pravastatin on Coronary Disease Events in Subgroups Defined by Coronary Risk Factors. The Prospective Pravastatin Pooling Project Circulation. 2000;102:1893-900

[9] Shepherd J, Blauw GJ, Murphy MB, Bollen ELEM, Buckley BM, Cobbe SM et al., on behalf of the PROSPER study group. Pravastatin in elderly individuals at risk of vascular disease (PROSPER): a randomized controlled trial. The Lancet 2002;360:1623-30

[10] Sever PS, Dahlöf M, Poulter NR, Wedel H, Beevers G, Caulfield M, et al., for the ASCOT investigators.  Prevention of coronary and stroke events with atorvastatin in hypertensive patients who have average or lower-than-average cholesterol concentrations, in the Anglo-Scandinavian Cardiac Outcomes Trial--Lipid Lowering Arm (ASCOT-LLA): a multicentre randomised controlled trial .  The Lancet 2003; 361:1149-1158   

 

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