Aspectos Eticos del utero subrrogado:

Autores: Dres. Mario Sebastiani y Romina Pesce

División Tocoginecología – Hospital Italiano de Buenos Aires

E mail: mario.sebastiani@hospitalitaliano.org.ar

SUMARIO:

1. Introducción.- Valores en juego - Partes involucradas – Intereses del niño por nacer - Visión social – Arreglo comercial – Valor de la propia genética – La ética – Estado actual de la subrogación en el mundo - Futuro

“Sarai, mujer de Abram, no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.

Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai.” Genesis 16: 1,2

Introducción:

Podemos definir que la bioética analiza y estudia, de una manera interdisciplinaria, los problemas creados por los avances en la tecnología y su aplicación en la medicina así como en otras áreas. Los avances en el campo de la medicina específicamente, redefinen sus indicaciones y aplicaciones tradicionales lo que genera nuevos cuestionamientos. Un nuevo paradigma contempla nuevos interrogantes. La tecnología se desarrolla, la medicina avanza en sus objetivos, y la mirada social se transforma frente a estos escenarios donde el pensamiento bioético, como método dinámico, siempre participa en la búsqueda de respuestas.

Las alternativas al alcance para lograr una descendencia biológica en pacientes estériles incluye la subrogación de vientre.

El útero de alquiler, el útero subrogado o la maternidad subrogada son todos sinónimos de una práctica que, sin duda crecerá en nuestro país, independientemente de la falta o lo restrictivo de una normativa legal y exige una reflexión profunda sobre este nuevo escenario.

La maternidad subrogada es la inseminación artificial de una mujer por una donación de uno o más embriones producto de una pareja donde la mujer no puede gestar el producto de la concepción. La pareja provee las gametas (el hombre provee los espermatozoides y la mujer el óvulo) y estas se fertilizan en el laboratorio, para luego implantar al embrión o los embriones en el útero de otra mujer (madre subrogada) quien lo lleva hasta el termino (lo gesta) y lo hace nacer (parto) para luego entregar a la pareja de donantes al niño y cediendo los derechos sobre el mismo.

La falta de una normativa legal genera licencias, y las prácticas NO prohibidas podrían imponerse. Por otro lado, la incorporación de una norma restrictiva de una práctica ya establecida, en muchos casos, lejos de desactivarla, promueve su ejercicio activo dentro de la ilegalidad y de la clandestinidad. Nuestra sociedad, así como el resto del mundo, posee ejemplos diversos de estas dos situaciones;

Como en la mayoría de los nuevos procedimientos, hay quienes están de acuerdo y quienes en cambio generan una severa condena. No puede además soslayarse que la adopción tanto doméstica como internacional es un camino sumamente difícil para formar una familia a punto tal que varias parejas se sienten humilladas y degradadas por los controles previos y posteriores y por la agónica espera.

Esta práctica muestra a una mujer que desea un hijo y a otra que desea gestarlo. Cada una con su necesidad y con su objetivo. Mediáticamente suele llamarse a este u otros procedimientos como una “maternidad a cualquier precio”, pero este título inquietante no hace más que favorecer los aspectos negativos y de condena que hace a la visión que puede tener una sociedad sobre estos métodos para el logro de tener un hijo.

Valores en juego:

Estas parejas que no logran tener un hijo por sus propios medios “alquilan” el útero de otra mujer para lograr su objetivo genético y reproductivo.

Logran tener un hijo que posee su propia genética o parte de ella, y evitan recurrir a la adopción de un niño que no posee genética alguna y que ya ha nacido.

Históricamente vemos que en ciertas comunidades africanas una mujer infértil puede casarse con una mujer fértil, que concibe un hijo con el marido de la mujer infértil: este niño es considerado hijo de la mujer fértil. Para preservar el linaje, en algunas culturas, es usual la concepción de un niño por el hermano del marido infértil o por la hermana de la mujer infértil

Muchos son los interrogantes que se nos plantean sobre los motivos por los cuales alguien decide alquilar un cuerpo y otro ofrecerlo en locación.

Según Elizabeth Badinter la gestación por otros (gestation pour autrui) , debe ser defendida puesto que el amor maternal no es instinto sino construcción.

En las consideraciones sobre los motivos por los que una mujer alquila su útero encontramos por lo menos 4 razones: la necesidad de hacerse de un dinero, la fascinación por gestar un hijo, un deseo altruista de lograr que otras parejas puedan vivir lo que ya ha sido vivido por ella en anteriores gestaciones, y poseer un instinto materno o sentimental . Para Francoise Heritier , filiación y engendramiento son cosas distintas y en todo caso sinérgicas. Un niño puede tener dos padres y tres madres: un padre genético (quien contribuye con su esperma) y otro social (quien lo cría); una madre genética (ovocitos), otra gestacional o uterina (quien lo lleva) y una tercera social.

En realidad, y siguiendo a Badinter, las mujeres no son un cúmulo de hormonas que gestan un niño y una vez que nace lo reconocen como tal de manera inmediata. La relación madre hijo se teje día a día por lo que es bueno preguntarse qué es lo que tanto nos afecta que una mujer pueda llevar el hijo de otra; cual puede ser la amenaza para ese niño y porqué se debe apelar a tan enorme coraje para separar a la madre portadora de ese niño. En efecto, siempre hemos visto a mujeres que gustan de los embarazos pero no tanto de las crianzas. Otras que les resulta fascinante educar y criar a los niños pero que se sienten poco atraídas a tener que pasar nueve meses para concretar el nacimiento de un niño. Y hay otras que tan sólo abortan y pueden desarrollar su vida como antes o aún mejor sin necesidad de verse atadas a la necesidad de tener un hijo en ese momento de sus vidas.

Por ello es factible pensar que una mujer pueda llevar al hijo de otra tan sólo por el deseo de ayudar y en una relación tan sólo fisiológica con el feto que se desarrolla en su útero. Esto último también permitiría comprender porque una mujer que gesta un niño puede desprenderse del mismo una vez que ha nacido el mismo.

Partes involucradas:

Uno de los mayores argumentos contra la maternidad subrogada se basan en los posibles daños que puede producir su práctica: daños sobre el niño a nacer, riesgos o posibles daños sobre la madre en si misma, daños sobre otros niños y el vinculo familiar (si es que tiene otros hijos) y finalmente un daño social.

La percepción social errónea puede interpretar a este tipo de reproducción como una trivial transacción comercial sobre la capacidad reproductiva de una mujer y la interpretación de un niño nacido como un “commodity” que puede ser comprado y vendido. Se suele asimismo correr el riesgo de despersonalizar a la mujer embarazada como un mero “vehiculo” con el fin de la perpetuación de la genética de otras personas.

En muchos casos esto invita a redefinir los conceptos de maternidad y parentesco dentro del concepto tradicional de familia. El carácter contractual en casos de subrogación presenta una mirada más condenatoria sobre quien gesta y percibe el pago donde la mirada es la de una mujer que es inescrupulosa, que lo hace simplemente por dinero, por interés, y que no tiene sentimientos. Distinta es el caso hacia quien plantea o solicita la subrogación (pareja genética), donde la mirada es más condescendiente dado que desean un hijo y no pueden, y recurren de manera “desesperada” a este tipo de transacción (el titulo mediático sería el de“madre a pesar de todo”).

La relación contractual entre las partes expone una condición asimétrica: poder y no poder gestar – el deber de ayudar a una pareja que desea tener un hijo (coerción en subrogación altruista) - la posibilidad económica de llevar a cabo un tratamiento muy costoso - participar en la subrogación por necesidad económica entendiendo esto como un trabajo y no como una compensación (coerción social y económica).

La falta de regulación de una practica establecida, no impide que esta asimetría se desarrolle y ejerza y la falta de ley no garantiza las condiciones de las partes participantes: MSR, padres genéticos, niños por nacer.

Intereses del niño por nacer:

Desde el punto de vista de la biótica, el niño por nacer se encuentra en una situación de vulnerabilidad con respecto a un adulto que bajo su autonomía decide sus acciones. La necesidad de una legislación debe contemplar situaciones potencialmente dañinas para esta tercera parte involucrada: daño por ser objeto de disputa entre la madre subrogada y los padres genéticos, daño por ser rechazado por algún tipo de discapacidad, o daño simplemente ante la muerte o desaparición de uno o dos miembros de la pareja.

Visión social:

En el imaginario social existen dos visiones que nublan nuestra capacidad de reflexión. Por un lado surge la idea que existe alguna suerte de adulterio, del abandono del hijo y por otro, el temor de la mercantilización del cuerpo.

No escapan a esta lógica tampoco los miedos al arrepentimiento por parte de las madres portadoras, y sobre todo ante la falta de legislación, el miedo a que se genere detrás del lucro una nueva cadena de corrupción, las dificultades frente a la identidad de estos niños y, desde una perspectiva quizás feminista, la profundización del concepto de la maternidad a cualquier costo y precio.

Siempre siguiendo alguna corriente filosófica feminista, esta práctica consolida al rol de la mujer como madre, la transforma de una “mujer como receptáculo del gérmen”, beneficia y asegura la descendencia genética del hombre (sociedad patriarcal), favorece la ideología pro natalista de la sociedad, contradice a Kant en cuanto establece a la mujer como medio, instrumento y no como fin o como persona y cuestiona severamente la capacidad de que una mujer pueda ser plenamente autónoma.

No quisiera ser demasiado simplista pero la primera visión que surge de esta viñeta es la de una mera transacción comercial.

Arreglo comercial

Para muchos el rentar un útero no constituye en sí mismo un evento científicamente destacable pero sí un evento comercialmente remarcable.

El niño así se convierte bajo esta visión en un bien de uso o commodity y por lo tanto tiene un precio habida cuenta que se lo trataría como una mercancía.

Las posibilidades de decisión de los pacientes en el ámbito de la salud sexual ya no dependen sólo de valoraciones médicas, sino de apreciaciones personales y formas de entender la vida. En el caso del útero subrogado el límite estaría en que la práctica del mismo no se convierta en un trabajo. El arreglo comercial se basa sobre dos modalidades; el primero es el de la sustitución comercial, donde la madre portadora o sustituta percibe un honorario por llevar a un bebé durante nueve meses.

El otro es el de la subrogación altruista, donde no hay ningún medio de pago sino que la donación o el servicio se hace solamente por el mero deseo de poder ayudar a otros, y en estos casos suelen ser o mujeres imbuidas de este aspecto altruista o bien amigas o parientes de la pareja que desea un hijo. Ambas situaciones tienen como fundamento el principio de la libertad contractual, mientras que la prohibición del mismo sería equivalente a una grave violación del mismo.

La libertad contractual está fuertemente arraigada en el principio de autonomía y de alguna manera, permite que cada uno de nosotros podamos establecer con libertad la obligaciones que nos impone un evento contractual.

Dado que en la mayoría de los países esta práctica se encuentra aún prohibida, el análisis del alquiler del útero en otros países muestra algunos costados complejos.

Por ejemplo, en la India un país que tiene el alquiler del útero legislado y permitido, una mujer puede ganar con esta práctica más de lo que ganaría en 15 años en un trabajo estándar.

El arreglo entre las partes (win – win arrangement) se basa e que alguien gana un dinero más que significativo y otro tiene un hijo genéticamente relacionado. Este dinero puede ser visto como una oportunidad o como una tragedia. Por un lado por los bajos salarios y la inequidad a la que se ven sometidos normalmente las mujeres en estos u otros países sub desarrollados, y a la enorme cantidad de dinero que invierten muchas parejas en la reproducción sin renuncia de su genética. Sino son trágicos, por lo menos, estos dos valores, son contrapuestos.

Por otro lado, y aún sobre la base de una visión que muestra como aceptable que alguien pueda alquilar parte de su cuerpo sobre la base de una recompensación económica, también es lícito pensar que algunos vean aquí la posibilidad de una apertura hacia la explotación de estas mujeres que por circunstancias relacionadas con su pobreza puedan no ser debidamente autónomas a la hora de tomar algunas decisiones, sean rehenes del dinero de otras parejas, y no tengan la adecuada información para someterse a los riesgos físicos y emocionales que implica un embarazo. No cabe duda que la explotación puede darse tanto en los casos de una compensación baja así como de una compensación demasiado alta. No debemos además olvidar que todas estas transacciones se harán bajo la tutela, supervisión y la participación económica de agencias que se ocuparan del reclutamiento, de la fertilización asistida y de otros temas relacionados con el útero de alquiler.

Probablemente el termino arreglo comercial debiera incluir enfáticamente el concepto de compensación por la complejidad y la duración del proceso. El pago de esta compensación no debiera contemplar el resultado en salud del hijo como un “producto aceptable”. Más bien debiera ser referencial al esfuerzo y al tiempo invertido, por el inicio y el transcurso del embarazo y el parto, su aceptación por los riesgos del embarazo y el parto, y la perdida de oportunidades en el campo laboral

Valor de la propia genética

Anteriormente hemos analizado los aspectos comerciales sobre la base de la libertad contractual.

Sin embargo en una mirada, aún superficial, de la subrogación materna, encontraremos que surge un valor muy significatiivo para nosotros como sociedad y es la de la genética de nuestros hijos que, sin ir más lejos, compite fuertemente con la adopción de un hijo que no es genéticamente nuestro.

Sin necesidad de analizar el alquiler de un útero o de una madre, ya solamente cuando vemos los gastos que implican y a los que se someten las parejas ante los costosos tratamientos de fertilidad, vemos que no estamos tan errados, en valorar la propia genética en un hijo.

Acepto igual y en desmedro de mis palabras anteriores que la mayoría de los padres que han adoptado un hijo mencionan con energía que no podrían amarlo más ni si fuera genéticamente relacionado. Sobre este el psicoanálisis suele ser muy critico de la utilización de esta práctica mencionando las dificultades a las que se expone una pareja para poder explicar esta manera de nacer a sus hijos.

Probablemente nunca sea sencillo explicar cómo ha nacido un hijo, no sólo para la fertilización asistida sino también para la reproducción “natural” habida cuenta que se estima que el 50 por ciento de nosotros hemos sido aceptados y no planificados. A esta altura y después de 25 años de reproducción asistida no creo que las condiciones de nacimiento puedan predecir los problemas que tendrán a futuro las personas. Lo que uno ve es que casi todos tenemos problemas, y la fertilización asistida no es la que mayores clientes le aporta a los psicoanalistas. No estoy diciendo que no vaya a tener problemas alguien por nacer en otro útero que no sea el de su madre en la crianza, pero las condiciones de nacimiento “ortodoxas” no nos eximen de los problemas. Quizás en esta crítica subyace un concepto sumamente tradicional de lo que solemos mencionar como la « familia tradicional ». Hoy esto suena más a ilusión que ha praxis normal.

La ética

Éticamente la subrogación muestra dos aspectos; el primero y logrado por la mujer que “alquila” su útero es la de gestar y dar protección a un feto; no se ve objeción moral dado que no parecería ser distinto a la de las madres sustitutas o a una simple mujer que cuida al niño de otra; el segundo aspecto que cumple esta mujer es la de aceptar que en el futuro no tendrá responsabilidad alguna sobre este niño luego del nacimiento. Este último aspecto tampoco encuentra objeciones morales distintas a las mujeres que dan en adopción a sus hijos, salvo que en este caso lo hace por una transacción comercial.

Podríamos pensar que esta situación tampoco tiene objeciones morales, sin embargo no son pocos lo que interpretan, no sin razón, que esto podría llevar a la explotación de las mujeres, y sobre todo de las que tienen menos recursos.

En la mayoría de las sociedades democráticas modernas, tenemos la libertad de donar algunas partes o algunos productos de nuestro cuerpo (los riñones, un lóbulo del hígado, la sangre, los espermatozoides, los ovocitos, etc. etc). Sin embargo no solemos hacerlo siempre por dinero o bien el mismo se encuentra enmascarado en otras consideraciones como en el caso de los espematozoides o la donación de ovocitos, donde se estima que se entrega un dinero como compensación del lucro cesante y no por el mero producto aportado.

Según Odien De alguna manera podríamos pensar que uno es libre de aportar sus capacidades sexuales al servicio de otro sea por dinero o sin compensación alguna.

Asimismo las transacciones comerciales han enriquecido siempre a nuestra sociedad y no se oponen siempre a la donación por caridad. Quizás no sea intrínsecamente inmoral llevar un embarazo de otra mujer, pero sí sea complejo pensar que un embarazo se pueda convertir en una fuente de trabajo para una mujer.

Estado actual del útero subrogado en el mundo

Esta práctica se encuentra prohibida en la mayoría de los países europeos como en Francia, Alemania, España, Italia, Austria y Suiza. Bien tolerada en Bélgica y en Holanda, autorizada y legislada en el Reino Unido donde se ha dem,ostrado la esterilidad de una mujer. Se puede realizar en algunos estados de los EE.UU (California, Arkansas, Illinois) y en algunas provincias de Canadá (Alberta y Nueva Escocia). El costo de la operación varía entre los 75 y los 100 mil dólares. En Francia en la actualidad se está discutiendo la legalización de la misma habida cuenta que un hijo que ingresa en Francia no es reconocido si no figura en el acta de nacimiento el nombre de la madre. Sin embargo la sociedad no ve con buenos ojos el turismo reproductivo que se origina por la prohibición y buscan modificar la inseguridad médica, social y jurídica.

En nuestro país se estima que la maternidad sustituida forma parte de la clandestinidad o de los acuerdos entre las partes sin contrato y acuerdo alguno. Disponer libremente de nuestro cuerpo y de comerciar con el mismo de alguna manera, son dos principios vigentes (o no siempre vigentes) en nuestro marco jurídico y que desautorizan el alquiler del útero. Asimismo para nuestra normativa legal, la madre que da a luz es la madre legal y a ella se le otorgará el certificado de nacimiento.

Futuro

Varias preguntas son difíciles de resolver sobre todo en ausencia de un marco legal. ¿qué sucede si una mujer decide quedarse con el hijo que ha gestado? ¿Podría llevar a juicio a un padre biológico ante una situación económica desventajosa para ese niño? ¿Qué sucede si los padres se divorcian en el medio del proceso gravídico o uno de ellos muriera? ¿qué sucede si nace un niño con alguna alteración estructural invalidante?

El toco ginecólogo tiene una responsabilidad ética de revisar los riesgos y los beneficios de una pareja que solicita un contrato de subrogación y de la mujer que se presta a llevar este embarazo. Su actuación es la que pueda armonizar y salvaguardar los intereses de las partes involucradas y aún del futuro niño.

Muchas son las cuestiones para analizar y sobre todo, la complejidad de las mismas hace inviable que todas puedan estar enmarcadas en una normativa jurídica. Sin embargo y una vez más, nos encontramos como sociedad enfrentados a la disyuntiva de permitir una práctica de manera clandestina o bien buscar un marco jurídico adecuado que permita una práctica que encuentra a dos personas en condiciones de satisfacer un beneficio propio y ajeno.

 

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